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lunes, 22 de septiembre de 2014

But I can see, you're like a firework.

Solía tener una playera blanca con rayas azules, muy al estilo marinero y supongo que no era buena combinándola porque mi deseo por regalarla -por tener una penosa memoria asociada a ella- superaron mis ganas de usarla. No solía satanizar las prendas de vestir porque me evocaran algún recuerdo, pero en ese momento no pude evitarlo.

Otros que sufrieron el mismo destino fueron mis pantalones de mezclilla, los regalé en su momento porque ya no me cerraban o no me gustaba cómo se veían y después de uno o dos años me los volví a probar (porque se los regalaba a mi sobrina) y me quedaban perfectos, tenía ganas de que me los devolviera.

Con todo esto, he aprendido que un recuerdo y un momento de gordura no son suficientes para deshacerse de la ropa, porque podría ser que estés dejando fuera de tu clóset una gran pieza.

sábado, 20 de septiembre de 2014

And you can't see the weight in the dark.

Podría decirse que antes era una "acumuladora", no al grado de las que pasan en el canal de Home&Health, pero no sacaba del clóset cosas que llevaban años y que claramente no usaba, ponía la misma excusa de siempre "sí, si me la pongo" y la prueba era que se quedaba en el mismo gancho por los siglos de los siglos.

Un día, viendo esos mismos programas de canal de señoras, una de las gurús de la moda dijo "si esa prenda no la usaste en un lapso de dos años, nunca más la volverás a usar" o sea que para afuera, bye, caridad. No sé que fue lo que me llevó a hacerle caso, pero inmediatamente me dirigí a mi clóset y empecé a sacar ropa, una playera tras otra, chamarra tras chamarra. 

Después de haberlo hecho la primera vez, las demás han sido más fáciles y si alguna prenda se resiste trato de repetirme el eterno mantra, porque si no te la pusiste antes, ¿por qué ahora?